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Hoy vengo a hablaros de algo que nos aterra a todos los escritores, seamos noveles o no: el terror a la página en blanco. En cuanto buscamos en google qué es exactamente eso del terror en la página en blanco nos encontramos con definiciones tales como “(el escritor) siente que su mente se pone en blanco y sus manos se quedan paralizadas sobre el teclado” (fuente). Siendo cierta esta forma de expresarlo, yo hoy quiero contaros cómo lo vivo yo, en primera persona. Para poneros en contexto, debo explicaros que yo siempre he sido una escritora de brújula. Primero creo a mis personajes, con sus caracteres, manías y gustos, luego tengo una idea general del argumento, y luego los dejo que “fluyan”. Su manera de actuar, a veces, no me deja llevarles por los derroteros que yo había pensado para ellos. Empiezan a crearse su propio camino, a tomar sus propias decisiones. Mientras todo eso ocurre sin que yo pueda hacer nada para cambiarlo, todo va fluyendo desde mi cabeza a mis dedos.

Pero, ¿qué pasa cuándo empiezo un nuevo capítulo o un nuevo proyecto?

Además de los típicos “¿será lo suficientemente interesante?”, “¿soy buena?” o”¿le interesará a alguien?” (sobre el síndrome del impostor, si eso, hablamos otro día), la primera pregunta que pasa por mi cabeza en cuanto arranco es “¿y ahora, qué?”. Es decir, ¿cómo salgo de la maraña en la que se han metido mis personajes sin preguntarme? Normalmente se me ocurre X desarrollo pero, ¿es coherente con su manera de actuar? Y, entonces, ¿cómo empiezo el siguiente capítulo con este caos que me ronda la cabeza? O lo que es lo mismo, ¿cómo hago yo para superar mi terror a la página en blanco? Vamos con algunos trucos que a mí, personalmente, me suelen funcionar:

  • Me obligo a continuar escribiendo. Siento no tener remedios milagrosos, pero esta es la única manera real que he encontrado: sentarme enfrente del documento del word y darle a la tecla. Muchas veces me he dado cuenta después de varias páginas de que algo no funciona y tengo que reescribirlo todo, es cierto, pero al menos las ideas empiezan a salir. Desechar esas dudas e insistir, ese es el truco. Escribiendo, deshaciendo y volviendo a escribir, al final todos los proyectos salen adelante.
  • A veces, me atasco a la hora de empezar un capítulo nuevo. No pasa nada. Lo que hago en estos casos es releer lo que haya escrito antes. Lo hago concentrada en la historia, para comprender en qué punto está y analizar cómo debo continuar.
  • Si tienes miedo a comenzar una historia nueva, empieza haciendo anotaciones en alguna libreta (o página de Word, o el método que te resulte más cómodo). Anota todo lo que ya sepas sobre tu obra: Cómo son tus personajes, dónde está ambientada, alguna frase genial que se te haya ocurrido, o la idea general. Todo te será útil. Después, plasma alguna de esas ideas en tu primera hoja. ¡Ya está, ya has empezado!
  • Si escuchas música, ponte algo que te recuerde a alguna parte de tu novela. Canciones épicas para recrear batallas, violines para una escena íntima, lo que sea. Déjate envolver.

Esto son sólo algunos consejos que a mí me funcionan, pero seguro que hay muchos más. Si tengo que quedarme sólo con uno, te diría que intentes escribir todos los días. Escribir no va de estar inspirado/a. Va de hacer músculo y coger práctica. Y, cuanto más escribas, menos te costará hacerlo. Palabrita de autora.

Carmen.